lunes, 21 de octubre de 2013

Educación si, pero para todos

¿Castigar los suspensos? ¿Excelencia? La reforma educativa del actual gobierno del Partido Popular  no es más que una nueva estratagema para reducir los derechos de la clase baja y media, en este caso en relación a la educación.

Ahora si un alumno de familia humilde suspende, algo que puede ocurrir ya que no todo el mundo es perfecto ni debe serlo, su familia deberá desembolsar una cantidad ingente de dinero si quiere que su hijo o hija continúe estudiando en la universidad. Si a eso sumamos que los sueldos son cada vez más bajos y por tanto el poder adquisitivo de las familias se resiente, nos topamos con miles de estudiantes expulsados fuera del sistema.

Si, por el contrario, un alumno de familia rica o perteneciente a las altas esferas suspende, algo también posible ya que el intelecto y la capacidad de trabajo y esfuerzo nada tienen que ver con cuestiones de clases sociales o ideología, su familia desembolsará la cantidad fácilmente o hará uso de sus contactos para que su hijo o hija continúe sus estudios. Todos los alumnos deben gozar de las mismas condiciones, ya que para eso es educación pública, y solo diferenciarse dependiendo del mayor o menor esfuerzo que realicen, eso sí, apoyando a aquellos que puedan presentar problemas de comprensión y no excluyéndolos.

La educación pública debe ser la casa de todos, debe ser el lugar en el que chicos y chicas, de todas las ideologías, clases sociales, culturas y religiones convivan juntos con un único objetivo, llegar a ser seres con cultura, tanto intelectual como cívica, algo que no solo les abre las puertas al mundo, sino que además les dota de algo muy importante como es la libertad. La educación y la libertad son conceptos que van de la mano y que consiguen unidos crear sociedades más democráticas, tolerantes y solidarias.

Con todo esto se puede afirmar que la reforma presentada por el ministro Wert es clasista, elitista y con un claro fondo ideológico. El talento existe a raudales en España y si no miren a Anatolio Alonso (mayor nota en selectividad de Madrid) o a tantos jóvenes que, independientemente de sus notas (no lo son todo), han logrado ser personas cultas con miles de proyectos en la cabeza y con mucha proyección de futuro, mermado este, eso sí, por las pésimas condiciones laborales y la discriminación absoluta hacia el intelecto y las humanidades que este ejecutivo que nos gobierna ha instaurado. 


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