miércoles, 25 de septiembre de 2013

No soy de izquierdas, soy un mal español

Tomando como referencia la anécdota acontecida cuando el general Francisco Franco se refirió a Luis G.Berlanga, el afamado director de cine, autor de películas como “El verdugo”, como, no un comunista, sino un mal español,  se puede observar la situación  en la que se encuentra de nuevo una facción de nuestra sociedad.

Estamos ya acostumbrados a ver y escuchar en canales de televisión y emisoras de radio de ideología ultraconservadora, en algunos casos de dudoso carácter democrático, actitudes que nos retrotraen a tiempos de la dictadura, donde la izquierda (los rojos) estaba tildada de poco patriota y de enemiga de la nación.

Espacios dedicados íntegramente a extender la idea de que sindicatos y diversas organizaciones sociales se ocupan solo, con el apoyo de los partidos de izquierda, según apuntan ellos,  de apropiarse del dinero público para el goce personal sin atender a sus deberes reales. Difama, que algo queda.

La mala costumbre que tienen algunos individuos y medios de comunicación de relacionar a la izquierda y el progresismo con actitudes disolutas y, en algunos casos, criminales viene de lejos. La derecha más radical, hija del Franquismo, pero germinada en la España tradicionalista que siempre renuncio al intelectualismo, unida a la ignorancia de una sociedad analfabeta y profundamente atrasada crearon la situación actual, donde estos nidos de indecentes e irrespetuosos campan a sus anchas por el panorama mediático español cubriendo amplios espacios de la prensa, radio y, en menor medida, televisión.

La caverna mediática, apoyada por la Iglesia que, como siempre en este país, ha seguido las tesis que más alimentaban sus intereses está, por desgracia, marcando más pautas de las que nos gustaría en el programa de este gobierno cada vez más cercano a posiciones de dudosa legitimidad constitucional.

Visto el panorama, quizás deberíamos empezar a plantearnos de forma urgente, no ya a qué clase de individuos radicales dejamos opinar libremente en este país, si no más a la peligrosa idea de que nos creamos lo que dicen.




1 comentario:

  1. A veces no puedo creer que lo que dicen en voz alta esos "ultracentristas" (me encanta ese nombre que les pusieron en el Intermedio) sea realmente su opinión, si no, simplemente, ganas de cabrear a sus televidentes, tanto a los de izquierdas como a los de derechas. Es imposible verlos hablar sin enfadarse, si eres de izquierdas, por las mentiras viperinas que salen de su boca, y si eres de derechas, simplemente porque están destrozando, según ellos, todo lo que amas. Esos canales no pueden traer nada bueno.

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