martes, 16 de julio de 2013

Moción de censura al desgobierno

El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha anunciado,durante su comparecencia en el Senado, que su partido, junto a los demás grupos de la oposición, presentará una moción de censura si el presidente del gobierno, desaparecido salvo en actos en clave internacional, no comparece en el Congreso para explicar la trama de sobresueldos y la contabilidad B, ambas destapadas por los diarios El País y El Mundo, que están dejando entrever la corrupción en la que se haya inmerso el partido desde casi su fundación.

La propuesta de moción del líder de los socialistas es un movimiento muy inteligente para dejar claro el giro que su grupo quiere dar hacia posturas mucho mas duras con las medidas y comportamientos del partido que nos gobierna. Sería un error entender esta propuesta desde un punto de vista puramente real, ya que nos chocaríamos con la clara inviabilidad de la misma, pero si que es cierto que debemos comprender el impacto mediático que Rubalcaba puede levantar con su afirmación y los beneficios que esta puede insuflar a un partido que pasa por muy malos momentos en cuanto popularidad se refiere.

Esta reacción de los socialistas no nos debe hacer olvidar el verdadero problema que nos concierne, ya que la corrupción no solo cerca al PP y hace reaccionar al PSOE, además pone en verdadero entredicho un sistema democrático que empieza a mostrar claros signos de fatiga y una constitución que comienza a dejar a la vista los graves fallos que desde sus creación lleva arrastrando. Es necesario crear una ley de transparencia fuerte, pactada por todos los grupos, que contribuya a limpiar la imagen política desgastada y que aporte ética a nuestro sistema y además debemos limitar la acción de las mayorías absolutas para no llegar a una situación, como la que ahora nos ocupa, donde un partido, valiéndose de su extremado poder, ejerce políticas pseudodictatoriales que nos alejan de una democracia adulta.

El Caso Bárcenas es solo la puntilla de un sistema corrupto nacional que, aunque no transferible a todos los políticos ni a todas capas de la sociedad, sería injusto, si que influye de forma importante en el imaginario colectivo. No debemos tolerar esta vergüenza nacional, no nos la podemos permitir.




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